V de Venganza, nueva reina sagrada del kitsch

Probablemente, uno de los mayores retos al llevar un comic de culto a la pantalla grande sea el de empatar el arte gráfico original con el ejercicio cinematográfico en cuestión, ya que se corre el riesgo de abaratar el sentido original de la obra y caer en la fórmula mainstream.
La cinta V de venganza (James McTeigue, 2006), con guión de los hermanos Wachowsky, es un claro ejemplo de lo anterior; es decir, de cómo la fórmula y la estética institucionalizada se impone por sobre la idea original, rebasando incluso todos los límites de lo kitsch.
Lo kitsch (arte basura que surge de combinar y/o derivar una obra original, al punto de hacerla perder su esencia originaria) ya había alcanzado su punto álgido en el cine con Pacto con Lobos (karatecas y ninjas en la Francia del medievo, que además son protectores de animales y expertos en ocultismo); empero, V de Victoria se ha convertido en la nueva reina del rubro por mucho.
En términos cinematográficos, lo kitsch de V de Victoria radica en fusilarse escenas de probado éxito en cintas anteriores para construir su atmósfera:
- La guarida del terrorista, que en los decorados recuerda notablemente a la Bella y la bestia de Jean Cocteau, o al Cuervo (otro comic que fracasó en su versión para el cine); está además adornada con una rockola de los sesenta que rompe al aire de buen gusto y arte que se respira allí.
- Los planos cuando habla el Primer Ministro inglés, plagian cobardemente la primera versión de la cinta “1984”
- Las tomas de peleas (en las modalidades de espadas, artes marciales, duelo con pistolas, duelo verbal; ya que todo domina el protagonista) son copias al carbón de escenas vistas en cintas de Bruce Lee, el Zorro o incluso Rambo; lo cual denota algo que muchos ya sospechábamos desde Matrix: el éxito de los Wachowsky está más en conjuntar ideas de otros y proyectarlas como suyas, que en intentar ser originales.
Sin embargo, es en el apartado de la diégesis donde la película se vuelve más irritante, pues proyecta a la televisión como el medio para politizarse y ser revolucionario; pareciera que sólo basta aplastarse a ver la “caja idiota” para politizarse y salir a las calles (me refiero específicamente a la escena de la niña de lentes que después de sentarse y ver dos dosis de discurso del terrorista, se convierte en grafitera urbana que lucha por una verdad ausente de plataforma discursiva).
En mi opinión V de Venganza no es más que una cinta más que recupera el mito judeocristiano en épocas comerciales: el terrorista resucita después de 100 balazos para acabar con sus enemigos y después muere, no sin antes dar paso a una nueva humanidad. ¡Que así sea!
Quizás un título más apropiado para esta cinta hubiera sido: “K de Kitsch” y no “V de venganza”, como sea:
¡Pacto con lobos a muerto, nueva vida a la reina del kitsch!
La cinta V de venganza (James McTeigue, 2006), con guión de los hermanos Wachowsky, es un claro ejemplo de lo anterior; es decir, de cómo la fórmula y la estética institucionalizada se impone por sobre la idea original, rebasando incluso todos los límites de lo kitsch.
Lo kitsch (arte basura que surge de combinar y/o derivar una obra original, al punto de hacerla perder su esencia originaria) ya había alcanzado su punto álgido en el cine con Pacto con Lobos (karatecas y ninjas en la Francia del medievo, que además son protectores de animales y expertos en ocultismo); empero, V de Victoria se ha convertido en la nueva reina del rubro por mucho.
En términos cinematográficos, lo kitsch de V de Victoria radica en fusilarse escenas de probado éxito en cintas anteriores para construir su atmósfera:
- La guarida del terrorista, que en los decorados recuerda notablemente a la Bella y la bestia de Jean Cocteau, o al Cuervo (otro comic que fracasó en su versión para el cine); está además adornada con una rockola de los sesenta que rompe al aire de buen gusto y arte que se respira allí.
- Los planos cuando habla el Primer Ministro inglés, plagian cobardemente la primera versión de la cinta “1984”
- Las tomas de peleas (en las modalidades de espadas, artes marciales, duelo con pistolas, duelo verbal; ya que todo domina el protagonista) son copias al carbón de escenas vistas en cintas de Bruce Lee, el Zorro o incluso Rambo; lo cual denota algo que muchos ya sospechábamos desde Matrix: el éxito de los Wachowsky está más en conjuntar ideas de otros y proyectarlas como suyas, que en intentar ser originales.
Sin embargo, es en el apartado de la diégesis donde la película se vuelve más irritante, pues proyecta a la televisión como el medio para politizarse y ser revolucionario; pareciera que sólo basta aplastarse a ver la “caja idiota” para politizarse y salir a las calles (me refiero específicamente a la escena de la niña de lentes que después de sentarse y ver dos dosis de discurso del terrorista, se convierte en grafitera urbana que lucha por una verdad ausente de plataforma discursiva).
En mi opinión V de Venganza no es más que una cinta más que recupera el mito judeocristiano en épocas comerciales: el terrorista resucita después de 100 balazos para acabar con sus enemigos y después muere, no sin antes dar paso a una nueva humanidad. ¡Que así sea!
Quizás un título más apropiado para esta cinta hubiera sido: “K de Kitsch” y no “V de venganza”, como sea:
¡Pacto con lobos a muerto, nueva vida a la reina del kitsch!

